Archivo por meses: abril 2007

Santa Lucía

a menudo
me recuerdas a alguien
tu sonrisa la imagino sin miedo
invadido por la ausencia
me devora la impaciencia
me pregunto
si algún día te veré
ya sé todo de tu vida
y sin embargo
no conozco nada de ti

el teléfono es muy frío
tus llamadas son muy pocas
yo sí quiero conocerte
y tú no a mí
¡por favor!
dame una cita
vamos al parque
entra en mi vida
sin anunciarte
abre las puertas
cierra los ojos
vamos a vernos
poquito a poco
dame tus manos
siente las mías
como dos ciegos
Santa Lucía

a menudo me recuerdas a mí

la primera vez pensé:
se ha equivocado
la segunda vez
no supe qué decir
las demás me dabas miedo
tanto loco que anda suelto
y ahora sé que no podría vivir sin ti

Chamamé

la derecha del jazz
no incluye el chamamé
en el género
“demasiado frenético
salvaje y alcoholista”
dijo un crítico de la derecha del jazz

el acordeón surfea
sobre el litoral
con la esquizofrenia y el candor
del artista cachorro
improvisa enancado a la melodía
muerde sus crines
hasta los límites provinciales
hasta el caracú
cala hondo
como la cuchilla de los matarifes
orgullo de la sangre
que estalla en el sapucay

hay una quema de sombreros
una disputa esencial
brotan de los ojales
una sabiduría de locro y espuela
fermentan desde los pajonales como laberintos
una brutalidad de piso de tierra
sombras chinescas de china en baile
el Diablo que se ahogó en el río
resucita del fondo de un vaso
de cerveza con naranja

también chamamé con bandoneón
como acostumbraba Don Damasio Esquivel

Durante las jornadas lluviosas

durante las jornadas lluviosas
cuento hormigas cuento las gotas
pego brincos
persigo pelotas
hago extraños balances
de niño idiota
tu voz me suena a una canción
que va de oreja a oreja
se detiene en mis cejas
hace un nudo
y así las deja
ceño fruncido
garabato de tinta negra
en mi cara blanca como papel

La reina de España

la reina no hace ruido
porque tiene pies de gata
la corona no le ciñe
porque tiene frente de espuma
la capa no le pesa
porque tiene cuerpo de nube
y al llegar la mañana
la Reina se esfuma
porque es sombra de nada

La aeromoza

hermosa moza
moza airosa
¡dichosos los ojos que la ven!
pasar rápida y coqueta
como una mariposa blanca
aeromoza
entre los negros de la noche
entre clientes embotados
por varias cervezas
por licores varios
el pelo lleno de canciones
la sonrisa colgada
como una medalla milagrosa
tu ombligo es un ojo de dragón
por donde veo y entreveo
gratos sucesos paralelos
lejos del terror
polleras girando
flauta y tambor
perfumes orientales
palmas y alborozo
en la bárbara ocasión

hoy mi angustia se ha posado
indiscreta y zumbona
sobre tu uniforme violeta
esquivando un muerto
aterrizas en la mesa 18
y plantas otra birra
amarilla y triste
en el mantel público
y la trova se me chinga
y la chiva se me enreda
en rulos maléficos
en dudas puntudas
que aguijonean al Dios
general de las esferas
y mientras Tito impávido
dueño del bar y la pelota
detrás de la barra
cuenta los morlacos
la locura de los débiles
-vibrión sentimental-
se tira por el tobogán gigante
que la batracia sacó en el topolín
y mi cabeza
ahí la quedó sobre la mesa
como un cacho de pan mordisqueado
-mi corazón es una frutilla deshecha
flotando en tu propina-

Bar “La Cristina”

Dios está aquí.
Como las flores o la soledad o el silencio,
que a veces nos sorprenden con su aparición,
Dios está aquí.
¿Hay aquí alguien que esté limpio de culpa?
Sin embargo
El cielo tiembla en cada una de estas criaturas de pecado.
Y yo, que soy el testigo y el delator
de que Dios está aquí,
más cierto y más firme que el mal,
¿he de hacer del escarnio mi profesión, mi oficio?
Oh Dios,
entre matones, tangos y desoladas prostitutas
siento Tu Presencia
como un forajido que hubiera hallado en mi corazón
un sótano seguro;
como un hombre extraviado golpeas en mi pecho;
eres un borracho que ha encontrado en mi alma
un rincón oscuro donde acostarse
y dormir.

(Jorge Calvetti, Jujuy)

El hombre que está solo y camina

Si alguno me siguiera por las calles un poco,
diría con razón: este hombre está loco.
Cruza como un sonámbulo de vereda en vereda
en algunas esquinas media hora se queda.
Luego, como pinchado de agudo pensamiento,
se traga veinte cuadras ligero como el viento.

(Baldomero Fernández Moreno, Buenos Aires)

Progresiva

me encanta

verte sin color

como en una de Chaplin

me encanta

encararte en el trigal

también en el maizal

robarte un choclito de esperanzas

un pan laudado de felicidad

me encanta

el rock progresivo uruguayo

y también cuando armo tu cara

con cinco nubes

cinco islas

archinube

archijermu

entre jazmines matinales