Archivo por meses: diciembre 2007

La orden es volver a la calle Corrientes (Literatura y Política)

mediodía en Buenos Aires:
Rafael Bielsa
estaba en La Ópera
con dos tipos de traje

David Viñas
parloteaba con una pendeja
en La Paz
las manos como pájaros en riña

Jorge Telerman
bebía un porrón de cerveza
en El Gato Negro
impecable la camisa blanca
derechito y duro
como corbata de estatua

Horacio Armani
revisaba libros
en la librería Brujas
-está hecho un pibe-

es el último día hábil del año
de las ventanas caen
papeles
viejas cintas de video tape
algún globo blanco

Navidad

una flotilla de ovnis surca
el cielo de Jerusalén
se confunden con las estrellas
que hoy se tiñeron el pelo
flores con forma de corazón
brotan de las estériles piedras

bellísimo moreno rubio amarillo pecoso pelirrojo
mutante primero
arco iris cruzan como puentes
el largo río de tu pecho

pintadas de Dios
en el muro del infinito

(a mi inmensa familia: ¡Felicidades!)

Neorrealismo

hacer pie
en el trazo irregular del mundo
dando cuenta
de la más leve imperfección

maniobrar esa máquina
con furia injustificada
sin destino preciso
deleitándose en la velocidad

abrir cajas vacías
morder frutos desabridos
sentir en la piel el frío
que viene del fondo del vaso
donde un niño castañetea los dientes
poniendo sonido en la noche

hacerse la película
neorrealista
ganarse la bufa de los modernos

ponerle al sol
la cara pálida
para que escriba
con aerosol argentino
la fábula de los días

Señores yo soy del centro

Señores, yo soy del centro, del centro de la ciudad
Vivo en la calle Corrientes casi esquina Paraná,
tengo allí constituido mi domicilio legal.
Lo divulgo por si acaso alguien lo quiere anotar.
Soy modesto, tan modesto,
que me limito a callar cuando escucho
que comentan mi manera de bailar.
Unos dicen que en el tango no ha nacido mi rival,
otros creen que en la milonga se aprecia la calidad.
Y yo francamente digo que no me atrevo a opinar.

Yo me firmo Federico José María Cabral,
y subrayo para el caso, bailarín profesional.

Santiago Adamini, Buenos Aires

El amor en tiempos de Atahualpa

Los que cantan demasiado al amor están mintiendo. Porque están mancillando un territorio donde debe imperar el pudor y la discreción. Son los que nosotros llamamos “faroleros”. El que mató, el que enloqueció a todas las chicas del barrio. Y que se enloqueció fue él, en realidad. En cambio el paisano, sin poner su nombre al pie, siempre nos ha dado lecciones. Jamás ha caído en esa ligereza, en esa superficialidad. El paisano a lo mejor no nombró nunca una novia, un amor. En algún momento, en un estilo, dice: “¡Ay! que me muero, Ay! que me muero por una que se llama…ya ni me acuerdo!”. Eso es pudor de hombre. “Por una que se llama…” y ahí se atajó: “ya ni me acuerdo”. Eso es pudor, decencia, es ser bien parido.

(Atahualpa Yupanqui)