Archivo por meses: octubre 2008

Mujeres de mi Patria

la camarera de nombre soviético
la mujercita de los MP3
las barbis de la Avenida Alvear
la batracia de pencas azules
las damas-maniquí de las vidrieras del Once
las putillas en racimo de la confitería Exedra
la periodista de gafas de caramelo
la bancaria de pechos prominentes
la que lucha en el barro
la que coge en el baño
la que te carga la nafta
la promotora de todas las golosinas de mi infancia
las chicas del ruso Sofovich
la que arma un finito escuchando a Los Héroes del Silencio

mis vecinas lesbianas

la poronga de Mahoma
las mira
por su ojo indulgente

Sostiene Gruner

hagas lo que hagas
todo es lo mismo
pero no te hagás problema por eso
me dijo Gruner

no hay pensamiento único
todo lo contrario
hoy se puede pensar cualquier cosa
porque nada tiene efecto
continuó Gruner

Los tribunales

y sin embargo la noche también cubre los tribunales
la luna también ilumina las azoteas de los tribunales
las nubes también corren entre la luna y los tribunales
el viento también entreabre las nubes a medida que pasan sobre los tribunales

tras las persianas se adivinan
los corredores por fin sombríos del todo
los despachos completamente desprovistos de jueces
las hojas de todos los expedientes otra vez cándidas
a estas horas sí que son justos los tribunales

y yo voy caminando a la vera de los majestuosos tribunales
los brazos caídos las manos crispadas
la cabeza echada hacia atrás a punto de rodar espaldas abajo

(César Fernández Moreno, Argentina)

El Pasaje Obelisco

en el pasaje Obelisco
solía tomar cervezas
con mis futuros enemigos

en el pasaje Obelisco
mientras me lustraban las botas
con un lápiz de oro trazaba
una larga línea
entre absurdas combinaciones de subtes
que me llevaban a ninguna parte
se hundía en la noche
mi alma
como un fantasma visible
que no pudo eludir
el peso de la materia
esperaba súbitos acontecimientos
un relumbrón
una luz cegadora
o sea:
un golpe de la suerte

en el pasaje Obelisco
una vez compré
un teléfono blanco
un Gráfico
con Bochini en la tapa
y un reloj de juguete
que marca siempre
la hora más querida

¡Feliz día mamá!

Madre, no me digas:
-Hijo, quédate,
cena con nosotros
y duerme después…
Estás flaco y triste,
Me haces padecer.
Cuando eras pequeño
daba gusto ver
tu cara redonda,
tu rosada tez…
Yo a Dios le rogaba
una y otra vez:
que nunca se enferme,
que viva años cien,
gallardo, robusto,
galán y doncel.
le vean mis ojos
allá en la vejez.
Que no tenga ese aire
de los hombres que
se pasan la noche
de café en café…
Dios me ha castigado,
¡Él sabrá por qué!
Madre no me digas:
-Hijo quédate…-
La calle me llama
y a la calle iré.
Yo tengo una pena
de tan mal jaez,
que ni tú ni nadie
pueden comprender.
Y en medio de la calle
¡me siento tan bien!
¿Qué cuál es mi pena?
Ni yo sé cuál es,
pero ella me obliga
a irme, a correr,
hasta de cansancio
rendido caer.
La calle me llama,
Y obedeceré.
Cuando pongo en ella
los ligeros pies,
me lleno de rimas
casi sin querer.
¡La calle, la calle,
loco cascabel!
¡La noche, la noche,
qué dulce embriaguez!
El poeta, la calle y la noche,
se quieren los tres.
La calle me llama,
la noche también…
Hasta luego, madre,
voy a florecer.

(“El poeta y la calle” de Baldomero Fernández Moreno, Argentina)

Puto de barrio

puto de barrio
teñido y viejo
caobas tus ojeras
son vagones vacíos
que pasan y pasan
sin rumbo ya

apoyado en el borde de tu lengua
seca ya de leches
ya no sos aquellas mujercita
ahora te baten “cuafer”
y dale que te dale
peinar a las traviesas
de la Avenida Garay
cuando no pican puntos
en la parada
se hace larga
la jornada

puto de barrio
teñido y viejo
ex sex
si te hubieran visto
en el verano del 85
tu culo en flor
entre los árboles nuevos
no te tocó el faisán
ni la moderna indulgencia
sólo te quedó
clavada en un costado
una estrella de cotillón
las uñas de un muchacho azul

toda vestida de blanco parecías
una yegua blanca
relinchando entre los autos
santa de los paraguas y los peines olvidados
pero una mano tibia
sobre tu ombligo errante
pero una lluvia de caramelos
y tres docenas de rosas
amerizando sobre tu escote
nido de viriles desconsuelos
flechas de lluvia
hacían blanco
en tu corazón gentil
Baglietto tenía pelo
y te cantaba trovas
rosarigasinas

la década del 80
era por vos
una fiesta

el tiempo
que todo lo puede
camina sobre tus fotos
disfrazado de hormiga