Archivo por meses: mayo 2009

LSD


hoy a un señor
le sonó el celular
en el 29
tenía
un ringtone
con los primeros compases
de Lucy in the sky with diamonds
¡yo quiero uno así para el mío!

El futuro ya llegó

“Alguien está molestando al arquero de Defensor con una linterna láser. Ya se avisó a la policía para que identifique al agresor”

(acotación del periodista Miguel “Tití” Fernández durante el partido Boca-Defensor Sporting)

La dislexia es un caminito hacia la poesía

Niña inocente, pequeña traviesa
Brincas, cantas, bailas
Ignoras tu dislexia
Haces travesuras, te ríes, ilusionas
No aprendes a escribir, deletreas, desesperas
tu escritura está en reversa
no cuentas, no sumas, no restas
te equivocas
los números inviertes, los signos no entiendes
Hemisferio norte, hemisferio sur
forman parte de tu incomprensible cerebro
¿No sé qué pasa?, se quedan neutros
No lees, no cuentas, te equivocas
Desesperas, lloras
Analfabeta, ¡tonta! te juzgan y reprochan
Te abrigas en mis brazos
Tu tembloroso cuerpo frágil y pequeño está agitado
Mitigo tu ira, la tristeza me agobia
Sufres el dolor que atormenta la búsqueda incesante
De tus números y letras
Escribes palabras incoherentes
¡No te rindes!, el coraje te levanta
Eres un mar,
Sediento de lecturas fantasiosas
Arrastras el lápiz,
Imaginando que estas escribiendo
Cuentos de hadas, de duendes y fantasmas
Ante la soberbia ciega de tus palabras
Niña inocente, pequeña traviesa
“Algo anda mal en tu cerebro”
Parecías ser normal como otros niños
Pero no eres como ellos.

(“Poema sobre la dislexia” de Laura Fribas)

El Paso de Loushan

Cólerico es el viento del oeste.
Lejos, grazna el ganso silvestre
bajo la helada luz de luna matutina.
Bajo la helada luz de la luna matutina
el martilleo de los cascos de los caballos
se repite agriamente
y el toque del clarín resuena con sordina.

No digáis que el peligroso paso es algo inexpugnable.
En este mismo día, de un solo salto cruzaremos su cima.
¡Cruzeremos su cima!
Más allá, las colinas son como el mar, azules,
y el sol poniente es rojo, rojo como la sangre.

(Mao Tse-Tung, China)

San Telmo es un hervidero de poetas


A Padeletti lo crucé en la puerta de la farmacia de San Juan y Perú; le pegué un abrazo.
En la librería “Asunto Impreso” estaba Bárbara Belloc. Al lado, en Dylan, Naty Menstrual se tomaba un heladito. Un poco más allá, en la esquina de Perú y Carlos Calvo está “El Federal”: ojo que a la tardecita para un punga sumamente habilidoso; ayer le robó la cartera a una amiga.
En el coreano de Perú y Carlos Calvo, Marta Miranda elegía manzanas.
En “Pirilo” (Defensa e Independencia) Daniel García Helder y Oscar Taborda se comieron sendas muzzarelas al paso. Recién había salido una para el corte. Tuvieron suerte.
El escritor entrerriano Leandro Vesco siempre come en “La Coruña” de Bolívar y Carlos Calvo. El puchero lo vuelve loco. En la pizzería de al lado, Susana Villalba me cuenta que su gata la está volviendo loca.
Alejandro Ricagno bebe café en la barra del bar de Bolívar y E.E.U.U. En sus ojos grandes y claros con agua de ciudad, se los puede ver a Ana Magnani y a Pier Paolo Pasolini navegando en un barquito de papel.
Willie Dinwoodie, pintor y también poeta, hoy vendió tres estampas del frontis de Los Patios de San Telmo, cinco del Obelisco y una del Bar Sur. Sigue trabajando, ahora está entrando al Balcón de la Plaza.
Horacio Fiebelkorn prende un faso en el Británico, hojea un libro de John Berger.
Ana Luz Vallejos viene caminando por Bolívar, dobla en San Juan hacia el bajo. Tiene el pelo un poco más largo.
En el Club Oleiros de Chacabuco e Independencia el salteño Carlos Juárez Aldazábal está cenando con un nutrido grupo de poetas patagónicos: Jorge Spíndola, Dante Sepúlveda, Miguelito, Federico. A los postres Juárez Aldazábal canta a capela tonadas del Cuchi Leguizamón. Tiene buena voz.
Lo veo a Padeletti desde el bondi: está entrando a una ferretería de la calle Piedras. Por la misma calle, más adelante la veo a Nazarena Vélez entrando a un garaje (edita su primer libro este año, creo que por Vox).
Con mi amigazo Alejandro Sosa Días paseo por San Telmo. Me cuenta que el Pasaje Santamarina era uno de los sitios preferidos de Charly Feiling. Sosa Días, verdadera Wikipedia parlante, también me informa que el Pasaje tiene dos entradas: una por México 641 y otra por México 750. “Pero no te olvidés que esto pertenece al barrio de Monserrat”, me dice. Una mujer que está saliendo del Pasaje nos mira con cierto temor.
Eli Neira y Paul Ajenjo cruzan en diagonal el Parque Lezama con rumbo hacia La Boca.
Teresa Arijón está comiendo con amigos en “Manolo” de Cochabamba y Bolívar. Se parece un poco a María Bethania. Parece que Soledad Vallejos hoy se cambió el look: se envolvió el pelo con un gorrito rastafari, tiene un vestido de bambula donde predomina un verde vegetal; la veo venir por Bolivar, con lentes oscuros, parece una actriz hindú, de incógnito.
En el 29 me encuentro con Francisca, bailarina y poeta. La acompaña su nuevo novio (boquense,de la calle Magallanes)
Galundia imita a Nick Cave en la esquina de Balcarce y E.E.U.U. No pide nada a cambio.
En “El Desnivel”, de Defensa y Giufra, ceno por última vez con Eduardo Tiglio. Hablamos esa noche de una novelita que escribió Carlos Marx. “El escorpión” creo que se llamaba y la habia editado en los 70 Tusquets, en la colección “Cuadernos marginales”. Cuando salimos a la calle, llovía mucho, a cántaros.
Padeletti sale de la panadería de al lado de mi casa. Lleva 1/4 de galletitas de avena. Lo saludo con una mano.
Walter Casara cruza apurado la 9 de Julio, pero eso ya no es San Telmo, es Constitución. Osvaldo Bossi camina pensativo por la Avenida Independencia.
Jorge Encina está comprando un libro de Ricardo Molinari en el Rufián Meláncolico. Chitarroni diáloga animadamente con el librero de Club Burton. Tiene unos zapatos de Oggi muy bonitos.
Lucía Puenzo y Sergio Bizzio acaban de hacer su entrada triunfal en el Mercado de SanTelmo, distendidos, domingueros. Bizzio se compró una sorpresa Kinder, usada.
Alberto Szpunberg está parado en la puerta de un edificio en Carlos Calvo al 700. Enfrente en la confitería Europa pido un café chico.
Liliana Heker toca timbre en casa antiquísima de la calle Humberto Primo. Lleva un bolso con una raqueta Wilson. Abelardo Castillo baila candombe con Egle Martin en Plaza Dorrego (pisó un escarabajo de oro)
La cubana Litay se está comprando algo en “Tranquila corazón”, la tiendita que está casi pegada al bar “Orígenes”, qué casualidad “Orígines” se llamaba la revista que hacía Lezama Lima en los cincuenta. Me contó que le está produciendo shows a Sergio Pángaro y que le va a hacer la prensa a Lemebel cuando venga a Buenos Aires; me pidió que le organice algo en la disco América.
Jorge Boccanera y Reynaldo Sietecase están almorzando en la fondita de Carlos Calvo casi Bolívar. Pidieron locro y vino tinto. Boccanera encajaría perfecto en una peli costumbrista argentina, onda Campanella, Suar, Enrique Carreras. El pingüino de tinto le preguntó a Sietecase si pesos o dólares.
En la librería “Fedro”, el gato Morrisey reparte volantes de la presentación de un libro de Mercedes Araujo. Tito Crespo me lukea dos pesos, me ofrece una seca, lo detengo con palmas verticales.
Daniel Giribaldi resucitó hoy a la tarde y está organizando un ciclo de lecturas poéticas en un sótano de la calle Balcarce. Pregunta por el bar Unión pero alguien le aclara que cerró hace muchos años.
En “El Casal de Cataluña”, Horacio Verbistsky se pidió un cochinillo (este no es poeta, pero a quien le importa).