Archivo por meses: abril 2010

Oda a un pedicuro

hoy te vi cruzando
la calle Villafañe
viejo como yo y pelado
-una joroba se te insinuaba
bajo tu camperita De la Rúa-
envuelto para regalo
con las primeras hojas del otoño
víctima del tiempo hijo de puta
que con sus ajugas negras
nos engaña acupuntura
para inducirnos al harakiri

oh ángel de la guarda de los pies
de las viejas bosteras
de los obreros navales
de marineros griegos
de Titos y Ricardos
de Rosas y Mabeles
lenguaraz de los dedos
de las muchachas en flor
consejero de los pibes de la 5ta. de Boca
limador de durezas
demoledor de callos
prolijo como un sastre
minero pédico extractando uñeros
inefables restos del ser humano
resaca que deja la vida
que se parece tanto al mar
si hasta un día atendiste a un pulpo
que se piantó de un cuadro de Quinquela
y se vino caminando hasta tu consultorio
y ahí tenías sobre la camilla
8 patas y 2 ojos chiquitos
que te miraban asustados
milagro en el barrio de los milagros
de las artes y los malandrinos
pasto del chisme y la comedieta barrial
orgulloso de tu marquesina y tu matrícula
marquesa en tu latifundio de piedra pómex
guardapolvo celeste y escaleras blancas
y un altar invertido donde te rindes
todas las tardes
ante juanetes espantosos
ante formas inauditas

hoy te vi y casi te pido
que me des nuevos pies
para caminar quién sabe hacia dónde

Jorge Calvetti, el jujeño de oro

MAIMARÁ

Este es mi pueblo.
Su nombre quiere decir: “Estrella que cae”.
Hasta aquí llegan pocas noticias del mundo.
Recibo cartas de mis amigos; me dicen que todo marcha bien, que en
algunos países se vive una vida verdadera
Y que en otros, la esperanza crece.
Yo no sé nada. Me alegro por momentos
Y me encierro otra vez en mi pueblo.

Todo habla de soledad.
El viento sacude las noches como árboles.
Los mismos pájaros despiertan las mismas mañanas.
El tiempo golpea las casas
Y las casas golpean contra el tiempo.

Aquí he vivido mi infancia.
Era feliz. Ignoraba hermosamente la vida.
La infancia…
Los recuerdos más viejos vagan por la memoria, como doña Melchora por el
pueblo.
Tiene ciento cuatro años. Habla sola, como los recuerdos.
Cuando me ve, me dice: buenas tardes maestro…
Aquí estoy,
Buscado y dejado y encontrado por el amor.
Pero no crea que puede hablar de soledad.
Todos tenemos mucho que hacer en el mundo y no hay tiempo para estar
solos.
Es que el futuro está subiendo desde el fondo de la tierra,
Lo veo crecer en mi hijo. Mira con los ojos de mi hijo.

Sí, ya lo sé. Son hermosos, los carnavales y los pájaros y la fastuosa
inocencia de los pájaros…
Pero sé también que el canto y la alegría y el coraje de muchos amigos
del pueblo están durmiendo en una botella de vino
¡y nosotros tenemos mucho que hacer!

Yo por lo menos,
Trataré de luchar con mis palabras.
Tengo que decir a mis amigos que no estamos solos y que debemos trabajar
para que el mundo sea mejor.

Este pueblo es muy chico.
Un carnavalito puede envolverlo.
El golpe de un caballo es demasiado para él.
¡Qué hermoso sería levantar su estrella y llamarnos, con verdad,
hermanos en un mundo sin justicia!

Mi pueblito es muy chico.
Así deben ser todos los pueblos chicos del mundo.
Por la calle de mi casa veo pasar la vida;
La desgracia, el amor, la humildad, los borrachos…
Pero creo que nadie piensa en nadie.
Nadie sale de sí mismo.
Todos casi todos, están ahogados en ellos mismos y es necesario cambiar.

Aquí sigue todo igual…

Si subiera a las cumbres, estoy seguro, vería pasar los años como esos
perros que acechando y husmeando el miedo pasan interminablemente
ocupados en sus sensaciones y eso no puede ser, ¡no puede ser!

(Jorge Calvetti, Jujuy, Argentina)

Pink Floyd en Buenos Aires

A comienzos del año 1970, los integrantes del grupo Pink Floyd vinieron de incógnito a la ciudad de Buenos Aires con motivo de la inauguración del Parque Genovés, célebre parque de atracciones que formaba parte del complejo conocido como Ciudad Deportiva de Boca Juniors, creación del arquitecto Alberto J. Armando; en un archipiélago de caprichosa geografía, plagada de puentes multicolores, canchas de tenis, una confitería bailable de ribetes futuristas, llamada sugestivamente “Neptuno”, y con un anfiteatro para usos múltiples, el parque hizo las delicias de varias generaciones de argentinos, entre los que me incluyo. En la foto se los puede ver a los Pink Floyd tomando sol en una de las barandas que daban al Río de la Plata en el balneario Costanera Sur. Años más tarde, en su placa “Meedle” homenajearon a Buenos Aires con su tema “Fearless”, donde se puede escuchar, sobre el final del tema, a los simpatizantes de Boca Juniors vivando a su equipo con afinación perfecta. En la época corría el rumor de un supuesto romance del guitarrista David Gilmour con la bella actriz argentina Marcela López Rey, hecho que fue desmentido por la artista en reiteradas ocasiones. Al baterista Nick Mason le asombró no ver indígenas por las calles.

Un tal Troilo Pichuco

en San Juan y Chacabuco
enterró las piedras de la payana
un tal Troilo Pichuco

usando como manga
el cordón de la vereda
escondió un sueño
un papel

su fuelle manso
trampearon a la muerte

una asamblea de poetas
una patota de comodines

una bandada de gorriones

teñidos del alba popular

un servicio de valet

blancuzco en la duermevela

resucitantes camaradas de lo eterno
serpentinas de sol

cayendo de balcones misteriosos
desveladas martingalas

el whisky matinal

y la trovería a gatas

atravesando la noche minada

de platillos

observas con tus ojos partidos

la ciudad multiplicada

tres Buenos Aires se te ovillan

en el bobo germinando

luces municipales

duele el sur duele el paredón duele el después

sobre el mapa de Pompeya

escribes una lerda letanía

alterando los límites catastrales

distorsionando cuerpo y geografía

la bella belleza

se borra como una línea de rymell

y aquí estamos a la mitad

entre el origen y el destino

gastando la tiza

en pizarras negras

absurdas como la canción

que puja contra la lógica

simétrica del polvillo

fantasmas de la noche se sonrojan

mutando levemente hacia el color

en el espacio negro

cada lágrima estalla

como un escándalo de luz

bengala de náufrago

convertida a dígitos de bandoneón

viejo y nuevo temblor

tambor telegrama

pidiendo asilo en versos medidos

con un látigo

acariciando el lomo

de bestias revolcándose

en la mugre serena

arenas del circo infernal

con montoncitos de pena

armaste tu frase final:

“aguántame un cacho más Buenos Aires”

gordo glotón
índigo niño inspiradísimo
te snifaste toda la fantasía
tus zapatos hoy volvieron
solos al barrio
como dos perros negros
abandonados

tu camisa es una bandera

flameando entre dos nubes

que se la llevan para siempre

pasa el último trole

y ya no queda gente por la calle

tu soledad en el desvelo

es un capricho mineral

una piedra magnífica estallando

big bang en tu inmenso arte

caen notas como garúas viejas

y se engomina el empedrado

hermano de la luna

cómplice y compadre

la visión del estado de la materia

bajo la canilla del piletón

tantos ojos rodando como bolitas

y ya no es un juego

el caballo de la calesita

se está quemando realmente

una melena de fuego crece

de su crin adormecida

y nadie llama a los bomberos

en una pieza del Castelar

mordés otro licor sin etiqueta

y flotas adentro de la copa

bebiéndote a vos mismo

juez y parte en tu responso

el peso de la palabra

aumenta en el cuenco de tus ojeras

y un quejido que no vino de tu fuelle

avisa lejanías

inmensa comunión con todo ese cielo


Pichuco celestial y terráqueo

de ese muñón crecen manos

por el milagro de la tanguedia

equilibrista de la novena raya
la noche practica su salto interminable
un taxi invisible te inventa calles nuevas

una cortada con tu nombre

donde una hormiga laboriosa

muerde el yuyo sin domingo
se derriten calaveras en el fuego
de tu corazón de pan
doblado en cuatro
sobre la mesa de los justos

cuando marcás cuatro
¡Buenos Aires es el ombligo del mundo!