Bio

Recorro mi ciudad, Buenos Aires, buscando postales, viejas y nuevas. Saco fotos y no soy fotógrafo. Pinto cuadros y no soy pintor. ¿Qué soy? No lo sé. Pero hago ciertas cosas como enderezar cuadros mal colgados, separar la paja del trigo,  poner del derecho lo que estaba del revés.

Busco empecinadamente una perla roja en medio de una selva de ostras estériles. Quiero hacer un gol perfecto, lleno de lujos y lujuria para que se siga repitiendo hasta el fin de los tiempos.

“No invocarás el nombre de Dios en vano”, “no blasfemarás”, “cuida tu lenguaje como a ti mismo”, aconsejaban en los templos los adustos dueños de la palabra. Pronto me di cuenta que la palabra era un simple instrumento, como una guitarra, como el carbón o una plegaria, y que sirve para muchas cosas, tiene múltiples usos y aplicaciones. Con la palabra se puede emocionar, se puede tocar adentro de los otros pero también se puede herir, denigrar y confundir cuando las letras se muerden la cola como culebras odiosas.

Escuché predicar a algunos por las plazas: “no uses las palabras de la plebe, están manchadas de estiércol, huelen mal, están gastadas por el uso, están llenas de bacterias infecciosas, de batallas perdidas, de tontos y absurdos sentimientos”. Todo esto me resultaba sospechoso y empecé a contaminarme de palabras como “amor”, “amigo”, “sol”, “linda”, “corazón”, “compañera”, “país”, “labio”, “cielo”, “alegría”, y enseguida tuve en mis manos una arcilla maravillosa: se iban formando montoncitos de formas y con el tiempo comprendí que lo que estaba haciendo se llamaba “poesía”.

“Somos muchos pero si nos corremos un poquito para el fondo entramos todos”, dice el Capitán Beto mirándonos por su gran espejo fileteado. Todos. Los venerables todos. De eso trata mi poesía. La que leo, la que escribo, la que se parece tanto a mi vida.

Una cosa más: todavía me sorprenden los globos que se escapan de la mano de los niños, los ojos de los gatos y el misterioso mar.

Rodolfo Edwards nació en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina, el 11 de febrero de 1962. Es Licenciado en Letras (Universidad de Buenos Aires), con especialización en Literatura Argentina y Latinoamericana.  Tiene publicados ocho libros de poesía: Culo Criollo (Editorial Siesta, 1999), That´s amore (Ediciones del Diego, 2000), Rodolfo Edwards (Selecciones de Amadeo Mandarino, 2000), Los Tatis (Edwards & Edwards, 2003) ¡Vamos con esas imágenes! (Eloísa Cartonera, 2005), Mosca blanca sobre oveja negra (Ediciones Vox, 2007), Mingus o Muerte (Ediciones Gog & Magog, 2009) y The Real Poncho (La Propia Cartonera (Uruguay), 2011). Fue miembro de la redacción de la revista 18 whiskys y dirigió las publicaciones La Mineta y La novia de Tyson.

Poemas suyos fueron incluidos en diversas antologías de poesía argentina publicadas en México, Chile, Venezuela, España, Francia, Alemania y El Líbano. También integra la lista de autores de Otro río que pasa (Editorial Bajo la Luna, 2010), que recoge los cien mejores poemas publicados durante el Siglo XX en Argentina. Organizó varios ciclos de lecturas poéticas y performances, cruzando la poesía con otras disciplinas como el teatro, la música y el video arte. En el año 2007 dirigió la Clínica de Escritura de Poesía para autores jóvenes en el Centro Cultural Ricardo Rojas (UBA). Coordina talleres de escritura para adultos mayores en el ECUNHI (Espacio Cultural Nuestro Hijos). Colabora regularmente en suplementos y secciones culturales de medios gráficos (Radar de Página/12, Cultura de Perfil, revista Ñ de Clarín, diario Z).